Ana Julia Jatar - weblog

...economista, analista económica y política, escritora. Aquí se concentran sus ideas, pensamientos, análisis y escritos, para ser compartidos con todas aquellas personas interesadas en los temas frecuentemente abordados por Ana Julia.

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Archivos de: Julio 2006 ¡Podemos escoger! escrito por Ana Julia Jatar | 31/07/2006 | 10:36:29 am | Día a Día

Publicado en el Diario El Nacional edición del día 31/07/06 pág. A/6

La economía venezolana está creciendo. Las empresas de consumo masivo están vendiendo sustancialmente más que el año pasado; algunas reportan aumentos hasta de 20% en volumen. No nos hacen falta las estadísticas, eso se ve: los comercios están llenos de gente y los proveedores de servicios no se dan abasto. Según el último informe presentado por la Comisión Económica para América Latina (Cepal), Venezuela es el país que lidera el crecimiento conjuntamente con República Dominicana. Se espera que ambos países crezcan 8% este año, muy por encima de 5% promedio esperado para toda la región.

Ahora bien, se esperaría que en un ambiente como éste, la inversión se comportara de manera similar. Pero no es así, eso también está a la vista.

Amigo lector, lo reto a que donde quiera que se encuentre, se asome a su ventana o salga y de una vuelta por los alrededores y haga una lista de las fábricas, edificios, galpones, centros comerciales o carreteras que se estén construyendo. No muchos seguramente. De hecho ¡Es casi imposible encontrar una grúa en el paisaje! Si le preguntamos sobre sus planes de inversión a los mismos empresarios que están viendo sus ventas crecer, la respuesta, en la gran mayoría de los casos es: "¿En estas condiciones?", y si tiene un poco más de confianza, le agregará "¡Ni de vaina!". Si hablamos de la industria petrolera, la inversión va por el mismo depresivo camino.

Resulta que hoy estamos invirtiendo como país alrededor de 3.000 millones de dólares en producir nuestro petróleo, pero resulta que eso representa sólo la mitad de lo que invertíamos en 1997. En otras palabras, estamos en el momento de ordeñar las vacas hasta sacarle la última gota de leche, pero ni hablar de comprar vacas nuevas. Es decir, esta suerte de bonanza económica, dinamizada por la demanda, la cual a su vez crece por la cantidad de dinero que el Gobierno inyecta en la economía, no es sostenible, no es crecimiento para nuestros hijos: cuando ellos lleguen a la adultez, las vacas se habrán muerto.

Ojo, vuelvo al comienzo del párrafo anterior, que los empresarios no invierten "en estas condiciones" aplica a todos: no sólo a aquellos que no están en buenos términos con el Gobierno. Esto aplica también a quienes están "bien conectados".

¿Por qué? Porque ni los chavistas tienen confianza en lo que pueda pasarle a su propiedad. Lo mismo que le sucedió a las multinacionales petroleras: en la mitad del camino, el Gobierno les cambió las reglas del juego y violó los contratos firmados.

Esto lo pueden hacer los gobiernos, pero no sin pagar un precio: el que les dejen de tener confianza. La confianza que tenemos en lo que puede sucederle a nuestra propiedad tiene mucho que ver con la disposición que tenemos de invertir en ella y cuidarla. Los pensadores sobre este tema, desde la antigüedad, le han dado una gran importancia a la forma como se le garantiza al hombre su propiedad. Para tener una perspectiva histórica de ello, pensemos en la esclavitud. Si el ser humano no es dueño de su vida ni de su cuerpo ¿cuáles serían los incentivos para seguir vivo o para cuidarlo? Por ello el respeto a la propiedad tiene su origen filosófico en aceptar que el hombre no sólo es el dueño de su cuerpo para lograr su realización, sino que debe aspirar y tener la posibilidad de poseer cosas: comida, ropa, casa, tierra para realmente lograrlo. Para entender la profundidad de esto, imaginémonos por un momento una sociedad donde no se respete la propiedad del otro: indudablemente el resultado sería el caos y la destrucción. Pero posiblemente habrá quienes al leer este artículo difieran de mi opinión y sin duda... tienen razón. El respeto a los derechos de propiedad y en general a la libertad económica varían de manera dramática entre sistemas políticos.

¡Podemos escoger! Así lo refleja el Índice de Libertad Económica preparado por la Heritage Foundation para el año 2006, en el cual clasificaron 102 países. Allí aparecen naciones como Chile, Irlanda, Australia, Estados Unidos Canadá, Suecia y Alemania catalogados como "libres" en términos económicos.

Mientras que países como Nigeria, Haití, Laos, Cuba, Bielorrusia, Venezuela, Libia, Zimbabue, Burma, Irán, Corea del Norte y Turkmenistán fueron catalogados como "reprimidos".

Allí está la respuesta. Nuestro crecimiento de hoy, es hambre para mañana. Pero ¡podemos escoger!

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¿Puede haber libertad donde hay miedo? escrito por Ana Julia Jatar | 17/07/2006 | 08:43:32 am | Día a Día

Publicado en el Diario El Nacional edición del día 17/07/06 pág. A/8

Thomas Jefferson dijo: "Cuando la gente le teme al gobierno hay tiranía, cuando el gobierno le teme a la gente, hay libertad".

La calidad de un gobierno afecta de manera fundamental la calidad de nuestras vidas. Hoy muchos venezolanos se refugian en la "paz" de su quehacer diario con la errada esperanza de que el Gobierno no impacte su felicidad personal. Pero les tengo malas noticias: sí la impacta y de manera fundamental. No me voy a referir a la ineficacia gubernamental que nos ha condenado al deterioro constante de nuestra calidad de vida: el colapso del viaducto en la autopista Caracas-La Guaira como símbolo del resto de los colapsos. Hoy me voy a concentrar en el perverso impacto que tiene sobre nuestra realidad cotidiana el miedo que sentimos por la actitud del gobierno y la libertad que se lleva consigo.

El miedo se ha incrustado en la vida de los venezolanos.

Tenemos miedo a una muerte violenta en la calle, lo cual puede ser atribuido a la ineficiencia del Gobierno, por lo que no es el tema de este artículo. Sin embargo, el miedo a perder un trabajo si decimos algo contra el régimen, sí es parte de mi argumento. También lo es el que no nos den los dólares en Cadivi porque nos consideran opositores al Gobierno, el pánico que el Seniat nos cierre el negocio por alguna arbitraria regla, a que nos acusen de traidores a la patria porque un gobierno foráneo financie nuestra actividad disidente, a que nos secuestren unos bandidos con uniforme, a que nos quiten nuestras casas o tierras impunemente, a que nos boten de nuestros trabajos en sector público porque firmamos la petición al referéndum presidencial, o a que tal como nos recuerda todos los días el Presidente, venga el "imperio del norte" y nos invada. Y es que este gobierno, a veces por ineficiencia o primordialmente por estrategia, maneja miedo como política de estado. ¿Por qué será? ¿Para qué? Puede haber varias interpretaciones pero se me ocurre que la cosa va por el camino siguiente.

Hay filósofos que han dicho —Hobbes, en el siglo XVII, ha sido el más connotado de ellos— que la política está basada en el deseo del poder y en el miedo. De acuerdo con este enfoque, el ser humano está dominado por sus pasiones y de éstas, la más fuerte es el miedo. Por ello, según Hobbes, estaríamos dispuestos sacrificar parte de nuestra libertad ante una autoridad que pudiera, de alguna manera, “liberarnos” de nuestros propios temores. Muchos tiranos han entendido esta faceta de la naturaleza humana y han azuzado el terror para eternizarse en el poder. Algo de esto se siente en Venezuela.

Bajo este esquema, la libertad se entiende en su sentido negativo: como el área en la cual podemos actuar sin la interferencia de otros, sin sustanciales privaciones de libertad física . Así, el tirano nos protege y podemos ser libres dentro del espacio que nos permita esa protección. Llevado al extremo, soy libre si el gobierno no me encarcela. Es por esta debilidad filosófica, que la concepción moderna de la libertad implica también la existencia de la libertad positiva. Es decir, la posibilidad de actuar de manera tal que podamos tomar control de nuestras vidas y lograr la realización de nuestros propósitos.

Veamos como esto nos afecta.

¿Es libre una persona secuestrada? Obviamente que no, pero ¿es libre si le dejan la puerta abierta? Pensemos...

ya no habría restricciones físicas a su movimiento según establece el concepto de la libertad negativa... pero, ¿puede esa persona a pesar del miedo , lograr la realización de sus propósitos? Posiblemente no. ¿Es libre el medio de comunicación que se autocensura?
En realidad no hay ninguna restricción explícita a su expresión, se le deja operar y salir con las noticias todos los días, pero... ¿es libre para la realización de sus propósitos? ¿Es libre la persona que va a una concentración a favor del gobierno por miedo a que la boten de su trabajo? Nadie le colocó unas esposas en las muñecas para obligarlo físicamente a asistir al acto político en cuestión, pero ¿es libre? ¿Es libre el empresario que pide anonimato al financiar un acto de la oposición? ¿Es libre el que va a votar y lo hace por el candidato del gobierno porque teme represalias?
¿Sobre todo si en su ser más íntimo, teme que el voto no sea secreto? En resumen, ¿es libre aquel que deja de hacer lo que considera necesario para lograr un propósito propio, por miedo y no porque haya un impedimento físico o legal para hacerlo? Según el concepto positivo de la libertad, no lo es.

Para tener idea de la magnitud del espacio de libertad que hemos perdido como sociedad, los invito a que hagamos un ejercicio. Imaginémonos cómo cambiaría nuestra conducta si se nos garantizara que al tocar un botón se nos libraría de todos nuestros temores.

¿Quiénes y cuántos se acercarían a tocarlo? ¿Cómo cambiaría su conducta luego de hacerlo? ¿Cómo reaccionaría el gobierno? Los dejo con esa imagen para la reflexión de comienzos de semana.

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La "pequeña" diferencia escrito por Ana Julia Jatar | 03/07/2006 | 08:46:33 am | Día a Día

Publicado en el Diario El Nacional edición del día 03/07/06 pág. A/8

Chávez es Bush y vice versaLa semana pasada la Corte Suprema de Estados Unidos le recordó a George W. Bush que en un sistema democrático el presidente de la república no tiene cheques en blanco, no puede extralimitarse en sus poderes, no puede actuar fuera de la ley, y tampoco puede ignorar los convenios internacionales en materia de derechos humanos. ¿No se muere de la envidia?
Para que sigamos soñando, como fabuloso regalo a quienes aspiran a una justicia verdaderamente ciega, el máximo tribunal estadounidense decidió a favor del chofer de Osama bin Laden (prisionero en la base de Guantánamo) y en contra el ministro de la defensa Donald H. Rumsfeld (Hamdan versus Rumsfeld) . Con ello, los cinco magistrados que firmaron la decisión afianzaron sabiamente su criterio como poder independiente y enaltecieron la esencia de una democracia liberal: la separación de los poderes públicos y sus recíprocos controles. El simbolismo de esta decisión y sus repercusiones no se deben pasar por alto, sobre todo para nuestro país.

Y es que el resurgimiento del antiamericanismo ha tenido mucho que ver con los abiertos intentos del presidente Bush de traspasar los límites de su autoridad.

En particular preocupan sus aún más obvios deseos de utilizar su "guerra contra el terror" como excusa para influir en las decisiones del más alto tribunal de ese país y promover acciones violatorias de los derechos humanos.

Ahora le pregunto nuevamente amigo lector ¿alguna semejanza con el inquilino de Miraflores?
No es secreto para nadie que la franca violación a los derechos de los 450 prisioneros de Guantánamo ha manchado la imagen del pueblo estadounidense como defensor de la libertad y ha cercenado la autoridad moral de Estados Unidos ante el mundo. El propio presidente de la Unión Europea refiriéndose a Guantánamo dijo recientemente que Estados Unidos podrían "perder su alma" al incurrir en este tipo de abusos. El fiscal general inglés también expresó su preocupación al decir que el sistema de justicia militar usada en el caso de los prisioneros de Guantánamo no garantizaba el respeto a las normas internacionales del debido proceso. De acuerdo con las más recientes encuestas los británicos con opinión favorable de Estados Unidos bajó de 75% en 2002 a 56% en 2006.

Como vemos, las críticas a las transgresiones de Bush no son monopolio del presidente Chávez. Muchos líderes mundiales han expresado su desacuerdo y preocupación sin necesidad de recurrir a los improperios e insultos del Presidente venezolano. La decisión del más alto tribunal estadounidense comienza a dar respuesta a estas preocupaciones.

En ella se establece que enjuiciar a los prisioneros de Guantánamo con tribunales militares de guerra es ilegal porque viola tanto las leyes nacionales como los principios internacionales sobre los derechos de los prisioneros especificados en la Convención de Ginebra. Así, la Corte Suprema de Estados Unidos al golpear fuertemente al presidente Bush, fortalece de manera contundente el sistema democrático de Estados Unidos.

En resumen, esta decisión tiene dos implicaciones importantes que sirven de espejo para la realidad política venezolana.

Primero, le pone claros límites a la interpretación que el presidente Bush le había dado a su autoridad como consecuencia de lo que ha llamado "guerra contra el terror". Y en segundo lugar, rescata la importancia de las leyes y acuerdos internacionales en materia de derechos humanos, los cuales por cierto, la administración Bush ha tratado consistentemente de evadir e ignorar.

La oposición venezolana es hoy víctima de persecución por la torcida interpretación que el presidente Chávez le da a su supuesta guerra asimétrica contra el "imperio del norte".

Según ella, la disidencia política en nuestro país es considerada aliada del "imperio", traidora a la patria y a menudo, llevada a tribunales por ello.

Igualmente, el Gobierno le ofrece su oído sordo a las voces de alerta de Human Rights Watch y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Ante estos desafueros, el Tribunal Supremo de Justicia en Venezuela lejos de ejercer su autonomía, apoya de manera descarada la "justicia revolucionaria" dictada desde el Poder Ejecutivo.

Lo cierto es que, aunque no le guste que se lo digan, el presidente Chávez se parece mucho al presidente Bush, la "pequeña" diferencia es que allá en el norte la democracia funciona, y aquí no.

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